Si dicen que nuestro futuro está escrito y si debo subirme en un tren que no sé cuando ni dónde llegará ¿por qué he de inquietarme? Si desayuno sin certezas y me acuesto con incertidumbres ¿por qué hacerme preguntas?
Siento que estoy volviendo lentamente de un viaje largo, en la cara oculta de la luna, allí donde no hay mucha luz ni mucho oxígeno y donde las cosas no brillan demasiado. Un viaje en el que he tenido tiempo de mirar dentro y fuera…y de aprender que si no estás alerta el daño te llega sin avisar. Pero también el desierto de la luna me ha enseñado que el buen corredor no deja nunca huellas en la arena al correr, porque el buen corredor no se hunde…
¡Es cierto! cuando corro y entreno es el único momento del día en el que, precisamente, no me siento hundida, no me hago preguntas, no sufro, mi mente se ausenta con el esfuerzo y la vida adquiere un poco de sentido. Entonces intento no dejar a mi paso surcos profundos que devoren mi energía, y siento que corro más rápido que todo eso que siempre me persigue. Adquiero un poco de calma en aquello que miro y no nombro…y de fuerza para no dejar nunca de correr esta carrera, la más dura que me ha tocado correr: mi vida.
Si he de aceptar el destino que otros han escrito ya por mí…porqué no encontrarlo en forma de botella en el avituallamiento. Tendré sed después de la carrera…
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