martes

Un dedo en mi espalda

Desde pequeñita, el único hombre al que admiro en el mundo, me enseñó a luchar hasta el final por las cosas en las que creía. Con lágrimas en los ojos me vió alejarme con aquello que juré combatir, me dejó extraviarme por los caminos de este planeta para que yo verdaderamente comprendiera la fidelidad a los valores y el esfuerzo que suponía el estar preparada para el mundo, para los cambios. Nunca me ofreció más palabras de las estrictamente necesarias, ni insistió en mis éxitos futuros. Pero a él le debo la vida que tengo hoy.
Recuerdo que ese hombre me construyó con sus propias manos mi primera bicicleta y me enseñó a mantener el equilibrio sobre dos ruedas tan sólo rozando mi espalda con uno de sus dedos. Era todo lo que necesitaba para no caerme. Medio conseguido el equilibrio me estrellé muchas veces yo sola, un adelanto de lo que luego sería mi vida.
Hoy, casi 15 años después, hemos cogido de nuevo juntos la bicicleta para volver a entrenar. Una grata sorpresa descubrir que aquel héroe de mi infancia al que hoy le duelen las rodillas, las muñecas, la espalda… aún dirige, en cierta medida, mi equilibrio con su dedo, aunque… en realidad no creo que nunca llegara a quitarlo. Sino, ¿cómo explicas que todo vaya siempre sobre ruedas cuando está él?

Un velo negro

No me gusta sentir que no soy libre… y digo “sentirme”, y no “ser”. Es como si un velo negro cubriera mi rostro, oscuro, casi traslúcido, pero un filtro que me emborrona la realidad.
Dicen que hubo un tiempo en el que los hombres conquistaban a las mujeres con versos y lograban enamorarlas para siempre con tan sólo palabras. Eran capaces de embarcarse en batallas de las que podía que jamás regresaran con tal de conseguir a cambio una mirada. Y si, por algún motivo, no conseguían la deseada conquista, sabían retirarse a tiempo. Pero eso debió ser ciertamente en un tiempo muy lejano porque hace poco yo conocí a un hombre que me hizo avergonzarme de mis palabras y de mis actos simplemente por no querer cubrirme con ese velo negro cada día. La libertad tiene un precio muy alto y las consecuencias han sido poco menos que devastadoras. Osé desafiarle con mis letras y se deshizo el encanto de los cuentos caballerescos.

Todavía hoy llevo el alma en cabestrillo y arrastro una vida embalada en cajas de cartón a la que ni siquiera soy capaz de mirar de frente. Pero supongo que prefiero ver mi dignidad y mi inocencia mutiladas a tener que cerrar los ojos mientras intento sobrevivir sabiendo que la libertad siempre estará al otro lado del velo.

domingo

Cenizas

A veces es necesario vaciar el corazón para poder volver a llenarlo. Como el disco duro de un ordenador. Aprender a vivir una temporada, que nunca se sabe lo que durará, con el alma hueca. Ser capaz de seguir adelante con algo tan pesado de arrastrar como un corazón demasiado ligero. Hace tiempo reuní el valor suficiente para volcar su contenido encima de la mesa, y ver frente a mí todos los miedos, mentiras, fracasos y decepciones que había ido acumulando. Lo cogí todo y le prendí fuego. Y mientras todo se quemaba mantuve una calmada conversación con esa hoguera, cara a cara, con valentía, hasta que todo se convirtió en cenizas.
Si no lo hubiera hecho, sobre todo, si no lo hubiera hecho a tiempo, puede que mi corazón hubiera terminado por explotar. Y entonces ahora estaría recogiendo los restos de lo que un día fue, y estaría intentando pegarlo como buenamente pudiera para volver a tener algo parecido a un corazón, pero tan lleno de cicatrices y grietas, que dificilmente hubiera podido volver a soportar lo bueno y lo malo del resto de mi existencia.

Sin embargo, aun no he sido capaz de remangarme, coger el Ajax Pino y ponerme a limpiar hasta los rincones más dificiles para que mi corazón huela a limpio. Por eso, en días como estos, cuando se levanta un poco de viento, hace que ese montón de cenizas, se descoloquen estén por todas partes y lo ensucien todo. Y aunque son cenizas aun no están libres de miedo y culpa, un cóctel altamente explosivo que tiene la mecha encendida desde hace ya algún tiempo y no sé lo que tardará en explotar. No puedo errar en apagarla a tiempo…

jueves

El original y la copia

De nuevo en la penumbra de la noche regalo mi pulso a la vida sin que ella me de nada a cambio. El tiempo me traspasa, he dejado de vivir deprisa y consumir ansiosamente el tiempo, osea, la vida. Porque la vida es solo tiempo, un espacio invisible sobre el que cada uno se convierte en terrateniente y ejerce su propio poder. Sin embargo siento que muchas veces huyo del tiempo, que es lo mismo que huir de mi propia vida. Y me da miedo descubrir algún día que el valor incalculable de ese tiempo era mi única y real pertenencia. Entonces será tarde, ya no quedará tiempo y habré desperdiciado las horas deambulando y profanando mi propio mundo, ese que no comparto con nadie.

Sólo busco la simplicidad para reconciliarme conmigo misma. Las cosas no importan demasiado si una no tiene fuerzas para buscar algo verdadero. Aunque la simplicidad está desamparadamente lejana. Y pienso que sería mucho mejor buscar un cirujano que extirpe por mi ciertos sentimientos e ideas y que me ponga suficiente anestesia que la operación no duela. Pero precisamente este tipo de operaciones requiere retirar la anestesia para empezar a rozar el sentido de las cosas. Ahora mismo no siento sino cosas imprecisas, un miedo atronador, un silencio que pesa y a veces ruge hasta enloquecerme o hasta dejarme abatida y con las alas rotas.

He llegado a la infeliz conclusión de que solo soy una fotocopia mal hecha de lo que me gustaría ser si no hubiera nadie más en el mundo. Soy un ser débil e indefenso, asustadizo e incoherente, que necesito cualquier gesto de ternura para sobrevivir. Me entristece no tener la capacidad de tratar a todos sin altivez, no saber entender a los demás ni leer sus corazones, no acomodarme a cualquier circunstancia, ser tan egoista y no tener siempre la suficiente paciencia para que todo se coloque en su sitio. Dicen que para aprender algo antes hay que olvidarlo… es entonces cuando desearía ser un original en blanco.

miércoles

¿Puede?

¿Puede una mirada delatar todo lo que tu corazón intenta ocultar? ¿Puede?

lunes

El silencio y yo

Es curioso como una fecha puede marcar tu vida, y sin embargo el mismo día pasar desapercibido para muchos otros. Una vez más ese vacío prolongado y confuso, esa estela de recuerdos, de mil deseos incumplidos me persigue… Ese silencio complice de mis sentimientos y confesiones no me deja en paz. Me susurra al oído, me borra las palabras. Está cada vez más dispuesto a compartir su vida conmigo y cada día viaja colgado de mi cuello, tímido y callado. Me condena a ser prisionera de mi propia alma.

Desde mi silencio tengo tanto que gritar que me fallan las fuerzas. Odio los momentos en los que me siento sola porque nisiquiera ellas me acompañan. Y el silencio es tan profundo esta noche que oigo cómo mis lágrimas – una por cada palabra que no digo – resbalan por mis mejillas, recordándome, una vez más, que el silencio rodea mi vida y no tiene intención de marcharse. ¿Por qué el silencio es hermoso sólo cuando lo deseas? ¿Y por qué cuando no lo deseas es el ruido más insoportable?

domingo

Un Raid

Existen rutas que llevan hasta la cima de las montañas más altas, y caminos bien señalados que desembocan en parajes maravillosos. Pero también existen senderos insólitos, desconocidos, que para descubirlos suponen el que haya que que lanzarse a la búsqueda de nuevas aventuras a corazón abierto. Conquistar esos senderos no supone simplemente hacer kilómetros y kilómetros. Lo importante de la conquista no es llegar, sino disfrutar del camino y superarse. Pero estos mundos están sólamente reservados para algunos intrépidos: aquellos que se atrevan a saltar barreras, que osen desafiar los límites de los peligros y apropiarse de maravillas ocultas confiando en que siempre es posible pinchar una baliza más y llegar en tiempo…

martes

Todo cambia

El temor a los cambios es lo que produce los mayores desastres en nuestras vidas. En ocasiones nos condenamos a vivir en las más terribles cicunstancias, para evitar precisamente esos cambios. De eso sé un poco. Pero todo en la vida cambia, las modas, las mentalidades, las tendencias, la luz, las personas… A veces, por suerte, podemos ser nosotros mismos los que lo cambiemos todo.
No me gusta presumir de nada, y los reconocimientos me avergüenzan. Tengo miedo de mí misma, de no saber hacerme feliz, de cuestionarme a cada paso. Dudo mil veces de lo que hago, de lo que digo. Cada noche pienso que me he equivocado, que no sirvo para estar aqui y me aterroriza que los demás descubran que soy una impostora. Me gustaría regalarme la convicción de tener las cosas claras y el billete sin regreso para salir de esta tela de araña que es mi morada. Desearía echar de menos a alguien, besar con pasión desmesurada y poder contener las lágrimas.

Lo bueno es que, aunque no podemos cambiarlo todo de golpe, el camino hacia los cambios a veces tiene posadas o un lugar donde acampar y descansar. Y en esa pequeña parada a medio camino te reconforta comprobar como se esconden y esquivan tu mirada todos aquellos que siempre se empeñaron en pisotearte y te cuestionaron. Hoy he parado en esa posada. Esta noche dormiré serena. Mañana necesitaré fuerzas para afrontar mis pequeños cambios y, por supuestos, celebrarlos. Enhorabuena!