jueves

El original y la copia

De nuevo en la penumbra de la noche regalo mi pulso a la vida sin que ella me de nada a cambio. El tiempo me traspasa, he dejado de vivir deprisa y consumir ansiosamente el tiempo, osea, la vida. Porque la vida es solo tiempo, un espacio invisible sobre el que cada uno se convierte en terrateniente y ejerce su propio poder. Sin embargo siento que muchas veces huyo del tiempo, que es lo mismo que huir de mi propia vida. Y me da miedo descubrir algún día que el valor incalculable de ese tiempo era mi única y real pertenencia. Entonces será tarde, ya no quedará tiempo y habré desperdiciado las horas deambulando y profanando mi propio mundo, ese que no comparto con nadie.

Sólo busco la simplicidad para reconciliarme conmigo misma. Las cosas no importan demasiado si una no tiene fuerzas para buscar algo verdadero. Aunque la simplicidad está desamparadamente lejana. Y pienso que sería mucho mejor buscar un cirujano que extirpe por mi ciertos sentimientos e ideas y que me ponga suficiente anestesia que la operación no duela. Pero precisamente este tipo de operaciones requiere retirar la anestesia para empezar a rozar el sentido de las cosas. Ahora mismo no siento sino cosas imprecisas, un miedo atronador, un silencio que pesa y a veces ruge hasta enloquecerme o hasta dejarme abatida y con las alas rotas.

He llegado a la infeliz conclusión de que solo soy una fotocopia mal hecha de lo que me gustaría ser si no hubiera nadie más en el mundo. Soy un ser débil e indefenso, asustadizo e incoherente, que necesito cualquier gesto de ternura para sobrevivir. Me entristece no tener la capacidad de tratar a todos sin altivez, no saber entender a los demás ni leer sus corazones, no acomodarme a cualquier circunstancia, ser tan egoista y no tener siempre la suficiente paciencia para que todo se coloque en su sitio. Dicen que para aprender algo antes hay que olvidarlo… es entonces cuando desearía ser un original en blanco.