domingo

Cenizas

A veces es necesario vaciar el corazón para poder volver a llenarlo. Como el disco duro de un ordenador. Aprender a vivir una temporada, que nunca se sabe lo que durará, con el alma hueca. Ser capaz de seguir adelante con algo tan pesado de arrastrar como un corazón demasiado ligero. Hace tiempo reuní el valor suficiente para volcar su contenido encima de la mesa, y ver frente a mí todos los miedos, mentiras, fracasos y decepciones que había ido acumulando. Lo cogí todo y le prendí fuego. Y mientras todo se quemaba mantuve una calmada conversación con esa hoguera, cara a cara, con valentía, hasta que todo se convirtió en cenizas.
Si no lo hubiera hecho, sobre todo, si no lo hubiera hecho a tiempo, puede que mi corazón hubiera terminado por explotar. Y entonces ahora estaría recogiendo los restos de lo que un día fue, y estaría intentando pegarlo como buenamente pudiera para volver a tener algo parecido a un corazón, pero tan lleno de cicatrices y grietas, que dificilmente hubiera podido volver a soportar lo bueno y lo malo del resto de mi existencia.

Sin embargo, aun no he sido capaz de remangarme, coger el Ajax Pino y ponerme a limpiar hasta los rincones más dificiles para que mi corazón huela a limpio. Por eso, en días como estos, cuando se levanta un poco de viento, hace que ese montón de cenizas, se descoloquen estén por todas partes y lo ensucien todo. Y aunque son cenizas aun no están libres de miedo y culpa, un cóctel altamente explosivo que tiene la mecha encendida desde hace ya algún tiempo y no sé lo que tardará en explotar. No puedo errar en apagarla a tiempo…