Es curioso como una fecha puede marcar tu vida, y sin embargo el mismo día pasar desapercibido para muchos otros. Una vez más ese vacío prolongado y confuso, esa estela de recuerdos, de mil deseos incumplidos me persigue… Ese silencio complice de mis sentimientos y confesiones no me deja en paz. Me susurra al oído, me borra las palabras. Está cada vez más dispuesto a compartir su vida conmigo y cada día viaja colgado de mi cuello, tímido y callado. Me condena a ser prisionera de mi propia alma.
Desde mi silencio tengo tanto que gritar que me fallan las fuerzas. Odio los momentos en los que me siento sola porque nisiquiera ellas me acompañan. Y el silencio es tan profundo esta noche que oigo cómo mis lágrimas – una por cada palabra que no digo – resbalan por mis mejillas, recordándome, una vez más, que el silencio rodea mi vida y no tiene intención de marcharse. ¿Por qué el silencio es hermoso sólo cuando lo deseas? ¿Y por qué cuando no lo deseas es el ruido más insoportable?