No es fácil describirse en unas líneas y mucho menos tratándose de una misma. Pero me lo has pedido tú, a pesar de conocerme muy muy bien. Así que lo intentaré…Tengo el pelo muy corto,de punta, y los dientes descolocados. Algunas cicatrices – Confieso que he sufrido -, sin embargo tengo muchas cosas que agradecerle a la vida a pesar de todo. Me considero infinitamente feliz porque puedo hacer libremente las dos cosas que más me gustan: deporte y fotografía.
Hace tan sólo unos meses que pensé que nunca podría volver a correr; hoy ya estoy metida en competición. Ha sido y es tanto lo que el deporte aporta a mi vida, que el día que no pueda practicarlo será porque esté muerta. Tú sabes mejor que nadie que hay enfermedades que no se manifiestan pero matan de la peor manera: silenciosamente.
En cuanto a la fotografía…¿qué decir? la fotografía ha hecho de todos los rincones que he visitado nuevos hogares. Hogares de los que una parte de mí termina apropiandose. Algún día conquistaré por completo el vasto y desconocido territorio de las imágenes, estoy segura. A través de lo que fotografío y a través del deporte también aprendo a vivir y entender lo que me rodea empezando por mí misma. Este es el premio, no la fama -que no es el caso-; ni creer que cambiaré el mundo cuando ni siquiera soy capaz de cambiar lo que no me gusta de mi; ni ser millonaria, ya es magnífico poder ganarme la vida.
Mi premio es el camino que recorro día a día y el tiempo que comparto con quien en ese momento se cruza en mi vida, en el que NO todo vale. La prudencia y la franqueza son escalones que intento subir a diario, apoyada siempre en quienes tienen el valor y la generosidad suficiente para aguantarme sin yo, a veces, estar a la altura de las circunstancias. Y nunca me cansaré de luchar para, simplemente, ser.
Los que mejor me conocen me consideran una luchadora que no se asusta ante los problemas y dificultades que me plantea la vida porque, dicen, eso me hace más valiente aún (no sé yo); intento perseguir mis sueños por encima de todo, ver cada noche como un misterio por resolver, cada día intento saberme mejor que ayer, aprender que lo difícil es no llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. Intento no olvidar nunca de donde vengo cuando viajo y la vida me ha enseñado a marcarme de nuevo el rumbo cuando los problemas se ponen todos de acuerdo para desconfigurarme la vida. Ahora simplemente acepto los cambios en mi vida, si suceden son necesarios. A veces no consigo ninguna de todas estas cosas, y me encuentro tan perdida que no estoy para nadie, ni siquiera para mi,y todo lo que tengo me sobra, porque me falta lo más importante: yo misma. Y cuando me siento así, me echo terriblemente de menos. Como a Ninette…
En fín, creo que me he pasado de líneas…