H. es una de esas personas que tienen una estrella en la frente. Una de esas personas que tiende a los sueños y a quien las palabras siempre le van pequeñas, porque cualquier cosa que pueda decir de él siempre será poco.Él me enseñó que a veces la justicia tiene la balanza estropeada y que la vida no da siempre lo que esperamos de ella, pero ese no es motivo suficiente para sentarse y dejar que nos maneje a su antojo.
Una fría mañana de enero, H. me mostró con palabras el reflejo que hubiera encontrado de mí misma si me hubiera mirado en un espejo y me hizo descubrir que yo también tenía una estrella. Sólo tenía que tocarme la frente para hacerla brillar. Y Recuerdo que aquella mañana lloré, por fín, de alegría.Y dejé de contar las veces que respiraba para empezar a contar los momentos que me dejaban sin aliento. Espero, algún día, poder hacerle el mismo regalo… eso significará que la vida, pese a todo, nos ha mantenido unidos. Como siempre.