miércoles

Me declaro la guerra

Hay días en los que, como ayer, me declaro incondicionalmente la guerra. Y sin piedad alguna, acabo condenándome a muerte. Entonces pienso que hay batallas que no se deberían perder nunca…¡ya! como si fuera tan fácil. Demasiado desprecio en mi interior. He asesinado vilmente mi orgullo y en ocasiones no recuerdo lo que es la autoestima. Ojalá encontrara consuelo en las palabras, ojalá éstas me pudiesen acariciar, me sanasen heridas recientes, me aliviasen el sufrimiento y me hicieran sonreir. Sin embargo, incluso hasta las palabras más bellas me incomodan, me hieren, me hacen sentir fea, me degradan, me esclavizan, me duelen… ¿por qué?

¿Por qué aquella noche permanece tan nítida e impasible en mi memoria? Recuerdo que me sentía fuerte, quizá por eso pasó aquella noche, porque yo tenía fuerzas. Después sólo recuerdo que clavé la mirada en la pared y permanecí así un rato, con la pupila inmovil, muda, sin saber qué pasaba por mi cabeza en esos momentos. Sólo recuerdo que aquella noche lloré y maldije y que aquella noche envejecí. Luego inicié un nuevo viaje sin punto de destino, con las fronteras abiertas. Un viaje emprendido desde lo poco que quedaba de mi como mujer…y aun en aquellos lamentables momentos me pregunté si debía ir…
Me declaro la guerra por haberme dejado enfermar de esa manera…y no ser capaz de curarme.