Me gusta quedar con el mar cuando no hago pie en mi vida. Sin avisar me presento frente a el, me siento en la arena, con los pies descalzos y escucho mis latidos mientras dejo que las olas seduzcan mis penas y ahogen mi dolor. Hoy soy peor persona duendecillo, no supe hacerlo…
Llueve ligeremente. Me doy cuenta que los grandes templos también se derrumban. Pero al menos, cuando eso pasa, permanecen los de arena. Ahí, frente al mar…
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