Durante todo este tiempo no he dejado de expresar lo que sentía mi alma. Muchos días he regalado mi silencio, para que se escuchase lo que callaba. Otros he relatado pequeños fragmentos de mi vida, mis sensaciones, mis ideales, mis angustias, mis esperanzas. Todo aquello que contiene la vida de un ser en transición que no es sino una parte indecisa en el universo, un poco de todo y mucho de nada.
Muchas veces no sé porqué escribo, ni tengo horarios para escribir, ni destinatarios a los que dirigir estas cartas y a veces siento pena por mis letras. Acomodo en ellas mis recuerdos, y las visto de luto sin tener un porqué, dejándo que fluyan mis lágrimas. Vanalidades efímeras escritas con la tinta de la desilusión.
Pero quizá mis escritos me han descubierto tantas formas de sentir, de soñar, de amar, de reir, en definitiva, de vivir, que quiero devorarlas todas, y descubrir la riqueza que se esconde tras comprender lo distinto. Los imponderables, que ultimamente han acompañado mi vida y que han venido revestidos de multiples factores, hacen necesario que de un salto al vacío y me deje arrastrar por nuevos vientos. Ya que me marcho al ártico, que el frío es el único capaz de exterminar ciertos virus, que el viento polar también trae calidez y que el hielo es el mejor lugar para conservar aquello que se ha muerto… aprovecharé para tomarme un descanso de estas letras enfermas. Y a la vuelta… confío que los nuevos vientos me hayan arrastrado lejos de la soledad…
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