jueves

Con el tiempo

Solo cuando pasas por algunas experiencias en tu vida y dejas pasar algún tiempo para poder mirar atrás con cierta perspectiva te das cuenta de la gran diferencia que existe entre caminar con alguien de la mano y condenar el corazón de quien te quiere; te das cuenta de que los besos no son promesas y que buscar compañia sólo porque te ofrece un buen futuro no es sinónimo de felicidad.

Solo con el paso del tiempo aprendes a construir tus propios caminos, a reconocer lo que te hace diferente y porqué; aprendes a quererte con tus faltas, con tus defectos. Sólo con el tiempo aprendes a no forzar las cosas, a aceptar los cambios en tu vida, a encontrarte de frente con tus derrotas pasadas y saludarlas con la cabeza alta y una sonrisa, sabiendo que, en el fondo, han sido ellas las que te han hecho crecer y estar aquí ahora.

Sólo con el tiempo aprendes que el silencio, a veces, esconde un millón de palabras; aprendes que todo se entremezcla, se funde y se confunde en la vida. Que para soñar, sobran los matices. El tiempo te hace tremendamente libre e independiente, frágil y difícil a la vez. Llevas espinas clavadas, pero también dejas una huella profunda a tu paso por otras vidas y eres única porque dolorida y limpia decides salir de tu prehistoria y demostrarlo.

El tiempo te enseña que las oportunidades llegan si sabes esperar. Que compartir simplemente una copa de vino y unas simples palabras con una buena compañia, sin necesidad de más, pueden hacer que una velada se convierta en algo absolutamente maravilloso y mágico. Que a veces te rodea tanto silencio que eres capaz de escuchar el latido de tu propio corazón…y darte cuenta de que estas viva.

Ya ves, el tiempo no solo envejece, también tiene sus recompensas.