A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un instante. Y de repente te sorprendes desafiandote a tí misma con la misma ilusión que quien tiene un jueguete nuevo. La peor verdad sólo cuesta un gran disgusto. Vencido éste te das cuenta que a pesar de que nadie está libre de influencias y vestigios del pasado, la vida continúa su camino, y tu con ella. Ya no es posible volver atrás, pero sí elegir, imaginar, sentir, plantearte objetivos, tener ilusión de nuevo. Alguien te enseña un desván ruinoso y tu vuelves a imaginar tu casa; revuelves todo aquello que metiste cuidadosamente en cajas y papel de burbujas y sientes que aquello está tan lejano que casi no lo recuerdas, y tienes la ilusión por volver a desembalarlo; una noche cualquiera M. te escribe un cuento con dibujos y vuelves a dormirte con una sonrisa aferrada a ese cuento; o simplemente sonríes cuando miras la mini pajarita de papel amarillo de post-it de encima de tu ordenador … ¡¡Que importantes son las pequeñas cosas que me hacen recuperar la ilusión!! Y qué poco las tengo en cuenta a veces… como esos días en los que te alejas un poco del mundo y vienes con energías renovadas.
