Una tiene momentos en los que habita en territorios inventados e imaginarios, rechazando la realidad aunque se disfrace de ella. Territorios habitados por paisajes increíbles que me dan la oportunidad de pasar página y comenzar nuevos capítulos y personajes más increíbles aún con quienes sentir el fugaz escalofrío de la complicidad. Territorios en los que siento que la vida no va serio, y no necesito enmarañarme en luchas y sacrificios por conquistar seguridades que antaño perdí, ni rendirme por miedo ante partidas ya ganadas. Lugares que poseen el ritmo perfecto y las palabras justas, donde el olvido es posible y la felicidad también.
Esta noche estaría bien no tener que llevar a cuestas mi sombra, como Peter Pan. Solo yo…y descansar en una cabaña en la copa del mayor de los árboles, donde nunca nadie hubiese llegado y se mantuviesen intactos y puros los primeros deseos.
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