Ojalá hubiera podido elegir dónde y cuando quería nacer y vivir. Sin dudarlo ni un momento hubiera elegido la segunda mitad del siglo XIX, París. Un siglo de verdaderas revoluciones, libertades, ideales, romanticismo. El siglo de los "ismos"…, del nacimiento del cine, de la fotografía, de grandes filósofos y geniales músicos.
Y así porder acudir al estreno de ‘Le Chat Noir’, ser la inspiración de Van Gogh, convertirme en bailarina del Lapin Agile o del Moulin Rouge, pasear por Montmatre ‘a la boheme’, ser una de las primeras en observar atentamente de ‘El Beso’ de Rodin y de Klimt, colgarme un lalique del cuello por unas horas, ser una extranjera en la Barcelona de Horta, inaugurar la Torre Eiffel, conocer al Sr.Baudelaire y aprender a escribir poemas de amor, exaltar lo imaginario, lo irracional, el desorden, la pasion, el color, el arte por el arte…
¿Hay algo más triste que vivir en un siglo que no te comprende?
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