En el huracán de la vida nada es casual. En mi vida noto que comienzo a perder a las personas cuando se me hace un pequeño agujerito en el corazón. Como si fuera agua, el cariño que sentía por ellas comienza a derramarse gota a gota. Una energía importante de mi vida lucha interior y continuamente por tapar ese roto y evitar que mi corazón se seque. Esa energía que dedico a contener el líquido se lo resto en atenciones a la persona. Y sin querer ni saber como se abren nuevos agujeros por donde se me escapa el afecto, los sentimientos, las emociones, las certezas, la confianza, como un colador. Yo lo llamo "heridas del corazón". Y al final por intentar disimular el roto dejo salir la decepción.
Otras veces, sin embargo, aparecen personas en mi vida que sin darme cuenta cierran estos agujeros del corazón y se cuelan dentro de mi alma de par en par, como lo hace una ráfaga de viento, acortando espacios y aportando frescura. Seres especiales, simples, sensibles en extremo. Ven donde nadie ve y son capaces de vislumbrar el interior de las almas nobles. Posiblemente no llamen nunca la atención por su intelecto, difícilmente puedan hacer citas en latin o francés, pero leen los ojos de las personas y descifran el espíritu de los seres que aman con una sabiduría conmovedora.
No hace mucho conocí a una y le prometí que dejaría de manipular mi corazón con estrategias para tratarlo sin esquemas preconcebidos. Estoy en duelo por todo eso, pero las mujeres como yo siempre cumplen aquello que prometen. Aunque les cueste lo que no tienen…
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