La vida de una persona es ese pequeño guión que se encuentra entre la fecha de nacimiento y de muerte en cualquier lápida. Un guión insignificante que contiene todo aquello que quisimos y odiamos lo suficiente como para soportar su carga a lo largo de mucho tiempo. Una vida que contienen parte de otras vidas que aún no se han convertido en guiones.
Será quizá por su brevedad, que la vida de las personas que se cruzan en tu camino hay que amarla desde el primer instante en el que atraviesan tu vida o porque nunca sabemos el momento en el que se convertirán en ese guión. Y cuando eso ocurre ya es tarde para llevar a cabo todo aquello que no dijimos o hicimos por vacilación o suspicacia. Y quizá también porque hay pocas vidas que merezca la pena acoger y amar y que nos dejen siquiera la mitad de lo que se llevan…
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