La letra M deriva de mem, que significa "movimiento del agua". De ahí surgió su forma ondulada, de las olas del mar.
Pero anoche me contaron que M. se pasó muchos años enfadado con el Mar, porque le tenía miedo.Un día decidió hacer las paces con él y se pasó 16 horas dejandose mecer por el significado de su nombre, navegando por sus incansables olas hacia ese horizonte lejano. Sintió la libertad tan de cerca que nunca más volvió a temer al agua. Y para no olvidar nunca ese día decidió grabarlo en la piel de su navío.
Una vez, yo tuve la oportunidad de subir a ese navío, y surcar lentamente las aguas e impregnarme de su inspiración y su belleza sugerente. Mientras navegábamos haciendo honor a su nombre, me narró los dibujos de su piel mientras me desnudaba parte de su alma. Vivimos una de romanos, griegos y bárbaros; pasamos por Roma; participamos en la guerra de guerrillas; conocí a héroes como Corocotta; lanzamos jabalina y nos rodeamos de gladiadores. Agotados, me llevó sin rumbo fijo hasta puerto desconocido.Cuando, con la luz del día, llegó el momento de bajar a tierra me sentí tan libre de cualquier espíritu opresor que fui capaz de olvidar los exorcismos del pasado.
M. volvió a soltar amarras. Hoy estoy muy lejos de su mundo, pero, aunque secretos, son muchos los motivos que tengo para brindar por M., por su navío y por la inmesidad de su oceano.