sábado
Una vela y unos versos
Cada día, al levantarme, tengo la sensación de que la vida es tan nueva que no sé como enfrentarla. Cada noche, cuando me acuesto, sigo preguntándome como llenar tantos huecos vacíos. Entre tanto, esta tarde he llenado mi cuarto con la luz de una vela. No es la primera vez que busco en su llama las respuestas a mi soledad. Ciertos días no hay que esforzarse mucho por llorar. Basta con perder la sonrisa en algún bache en el camino de vuelta (o de ida) y releer por casualidad unos versos que yo misma escribí. Entonces, de repente, se te cuelan todas esas preguntas para las que nunca habrá respuesta. Y toca respirar hondo y cerrar los ojos para sentir un poco menos.