lunes

Nací con unas zapatillas puestas

Es impresionante como el deporte me hace rescatar el valor de las cosas. Una vez más siento que he entrado en contacto con una sustancia extraña y adictiva, que me da fuerzas para buscar incansablemente esa estrella que un día nació para mí y que me hace más persona, mas humilde, más humana…Es impresionante como el deporte sigue, aún después de muchos años, enseñandome valores y principios, respeto y voluntad. El deporte es como ese amigo que un día te encuentras y que no te enseña el camino, sino que simplemente te tiende la mano, invitándote a descubrir, a mejorar, a regresar a ti mismo, a buscar fuerzas donde quizá no las hay y ampliar tu capacidad de superación personal hasta límites insospechados y luchar por conseguir aquel objetivo que parecía imposible, pero que, como por arte de magia, acabas consiguiendo al fin.

Siempre me he sentido privilegiada por haber tenido la oportunidad de descubrir maravillada como el deporte ha cambiado la vida a muchas de las personas que me rodean, y por supuesto a mí misma, ofreciendo al módico precio de una vida medianamente sana, un universo de nuevas sensaciones. Estoy feliz por poder navegar a bordo de este gigante, junto a él, con él. La vida a bordo es sencilla, sin pertenencias ni ataduras, con las únicas exigencias que tú misma quieras imponerte y con el único objetivo de convencerte a tí misma de que el resultado puede ser absolutamente maravilloso.

Nací con unas zapatillas puestas, y espero poder morirme de la misma manera; no quiero dejar de correr nunca, ni de saltar. Es un deseo que me puede, me desordena, me revoluciona, me involucra, me enloquece, me fascina, me conmueve, me ilusiona… y es capaz de tocar dentro de mí eso que sólo él toca…